
El bar se hallaba debajo del hotel San Francisco. "La trivia" era uno de los más elegantes de la ciudad. El creador de tamaña obra, debió dedicar mucho tiempo para colaborar en cada detalle barroco. La mesas de caoba dura y brillante, acogían a cada cliente, incitándolo coquetamente, tal vez a beber más de la cuenta para ostentar su gorda billetera. Decidí entrar para poder envolverme en un sopor húmedo, pesado lleno de tabaco. Pasé por el ornamentado umbral que sostenía cortinas de terciopelo y borlas doradas. A mi entrada, tres sujetos clavan su mirada en mi semblante: Celis, León y Benavides, los compinches del bajo mundo. Tras mi imposibilidad de evitar cualquier rose, me acerqué incómodo a su mesa y saludo cortésmente.
— ¿Dónde te habías metido Mella? — Pregunta Benavides con su burgués acento.
— Dónde nunca pudieran encontrarme... He experimentado nuevas cosas—Repliqué, mientras me acomodaba en la silla de chillón tapiz.
— ¡Garzón, tráiganos otra ronda de Vodka tónico, pero esta vez, que sean cuatro!— Ordena Celis. — No, yo solo quiero agua mineral, por favor— Contesto firme, sin pestañear.
Un mar de carcajadas me dejan casi sordo, sin poder entender cuál era el chiste.
— ¿Por qué tan sano hombre?— Pregunta Benavides sin dejar de reír. Al mismo tiempo, Celis con gestos infantiles, le dice al mozo que cumpla el pedido y solo traiga tres vodkas y un agua mineral. Al rato ya estaba de vuelta con el encargo.
— Benavides, detrás de la desaparición está la respuesta a tu pregunta. Visité varias partes, y en una de mis andanzas, allá por el sur, me topé con un "Congreso de aguas minerales", un evento único, hubo muchos países exponentes. Ahí, aprendí a catar las aguas, a desfragmentar cada componente, y a disfrutarla como si fuera un elixir de dioses. Es más, este vasucho es indigno para mi brebaje—Tomé el vaso, y procedí a tirarlo en una maceta con flores de plástico ordinarias y grité a todo pulmón, "¡Garzón, traigame la copa del cristal más fino que tenga!" El joven atiende rápidamente y deposita con exquisito cuidado el vidrioso cáliz sobre la mesa lleno de burbujeante agua.
Los tres mosqueteros se miraban las caras intrigados, concluyendo que padecía de algún síndrome.
— ¿Nos estás tomando el pelo Mella?—La sonora voz de Celis pedía explicaciones.
— Celis, es muy en serio—Y al instante, noté que el entrecejo de este, se fruncía cada vez más. Pero no era el único. León también estaba molesto, pero sus hipócritas costumbres sólo lo limitaron a reír falsamente.
— Por dios hombre...y por qué diablos estás aquí, de nada te sirve. Has perdido la razón completamente— Regañaba Benavides.
— No compañero, estoy en mi sano juicio, más sano que el de ustedes tres—La discusión se interrumpe súbitamente por el mozo que trae otros tres tragos más, pedidos ocultamente por León. Celis toma aire, y mira desafiante mi pupila. Sabe que hay algo más.
— ¿Por qué mejor no te largas a tu pocilga de mala muerte a tomar agüita como los pájaros?...—
Silencio. Tras unos segundo mirando fijo a Celis, digo "Córtala hueón, esto no es una pura hueá..."
— "Una pura hueá", claro— Me remenda Celis con su irónico murmullo, empinando el codo y saboreando su ultimo vaso de vodka. Porque después de esta, el imbécil, no abrirá los ojos nunca más.
— Entonces, Salud compañeros, y demos paso al gran show— Sonrío.
En mi bolsillo, la brillante navaja es lo único que despierta mi sed. La sed de sangre, la sed por cortar cogotes ajenos.


